El pasado lunes, en el barrio de Monte Chingolo en Lanús, se llevó a cabo una despedida tumbera inusual para un adolescente de 14 años: Alejo Jairo Zahir Mesa, quien murió por disparos de un fracontirador de la Policía Federal Argentina (PFA) durante un conflicto con un grupo de delincuentes. La situación ocurrió cuando el menor, acompañado por tres compañeros, intentó robar una motocicleta mientras se encontraba en una zona de alta actividad en la ciudad. El hecho generó un desenlace trágico, ya que el fracontirador, al ser abordado por el adolescente y sus cómplices, reaccionó con disparos para evitar el robo.
El incidente se desarrolló en una zona de alto riesgo en Lanús, donde la presencia de jóvenes entre 13 y 16 años está vinculada a un aumento en actividades delictivas. Según datos recientes, el 35% de los jóvenes en este rango participan en actividades ilegales, lo que indica una preocupación creciente en las fuerzas de seguridad. La Policía Federal Argentina (PFA) ha señalado que en 2025, se han registrado más de 1.200 casos de robos en motos en las ciudades de la zona metropolitana, lo que refleja una tendencia preocupante en la seguridad pública.
El fracontirador, cuyo nombre completo es Juan Carlos López, trabajaba en la Unidad de Operaciones Especiales (UOE) de la PFA. Su reacción ante el incidente, que involucró a un menor de 14 años, ha generado debates sobre la ética y la responsabilidad en la aplicación de la ley. Muchos ciudadanos han expresado que el acto fue necesario para proteger la comunidad, mientras que otros critican la falta de prevención y el uso excesivo de fuerza por parte de los agentes. Este caso ha sido analizado por el Ministerio Público Fiscal (MPF) para determinar las consecuencias legales.
El desenlace final fue un evento emocionante: los familiares y amigos de Zahir Mesa organizaron una despedida tumbera en el barrio de Monte Chingolo, con una caravana de motos que llevó a más de 200 personas, incluyendo a miembros de la comunidad y representantes de la PFA. Durante el evento, se lanzaron tiros al aire como parte de la tradición tumbera, una expresión que significa 'despedida' en el contexto local. Los organizadores destacaron que el evento no era un acto de violencia, sino una forma de expresar el dolor y el respeto por el menor, quien había sido un jugador de fútbol en el Club Atlético Juventud.
El caso ha generado una discusión nacional sobre el uso de la fuerza por parte de los agentes en situaciones de violencia. Muchos ciudadanos han destacado que la despedida tumbera refleja una forma de respeto hacia la memoria del adolescente, mientras que otros argumentan que el uso de armas por parte de las fuerzas de seguridad en situaciones de jóvenes en riesgo puede ser problemático. Este incident